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¡Adiós, anticongelante! ¡Hola, refrigerante!

7 Jun , 2016  

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Sin títuloUn producto que se encarga de que al motor de tu coche no le den golpes de calor se merece como mínimo un artículo en el blog de Total.

Es probable que asocies la palabra “anticongelante” con motores, carreteras heladas y bidones traslúcidos con un líquido de color en su interior. De hecho, el producto al que se denomina así popularmente evita la congelación de la mezcla en invierno, pero en realidad su principal función es la de refrigerar el motor. Por ese motivo, conviene que sustituyas la palabra “anticongelante” en tu vocabulario por otra más adecuada: “refrigerante”.

En efecto, el refrigerante se encarga de sacar calor del motor para evitar que las piezas metálicas lleguen a temperaturas a las cuales los metales que las componen se lleguen a fundir.

Estos productos han evolucionado mucho a lo largo de los años. Esto se debe a que la propia industria de la automoción ha ido introduciendo nuevas exigencias conforme las condiciones de funcionamiento de los motores evolucionaban.

Actualmente los propulsores son más eficientes, por lo que trabajan a mayores temperaturas y arrojan nuevas demandas sobre el tipo de fluido que se debe emplear. En concreto, el ahorro de combustible requiere el uso de materiales menos pesados y menor cantidad de producto. Como resultado, los líquidos refrigerantes deben facilitar una mayor transferencia de calor, deben ser estables a la oxidación y ante la temperatura, mientras que su viscosidad debe ser baja. Además, deben proteger a todo tipo de metales contra la corrosión.

 

¿Cómo funcionan estos líquidos?

Respecto a su comportamiento dentro del vehículo, los refrigerantes circulan por las cavidades del motor, la culata y el radiador. De este modo, el calor pasa al líquido desde los metales una vez arrancado el motor. Una vez que el líquido alcanza una temperatura adecuada para el buen funcionamiento del motor, el termostato se abre.

Las funciones del líquido refrigerante del motor son muy variadas, como proteger el motor de la congelación, conservar las propiedades lubricantes del aceite, evitar el fenómeno de la erosión, impedir cavitaciones y espumas, proteger el motor contra la corrosión y, por supuesto, refrigerarlo.

En cuanto a la composición del líquido refrigerante, entre el 45% y el 75% del mismo es agua, que permite la transferencia de calor; entre el 25% y el 50% es MEG (monoetilenglicol) o MPG (monopropilenglicol), ambos protegen frente a la congelación y la ebullición; y del 3% al 8% lo componen aditivos, que son los encargados de proteger los distintos materiales.

 

Aditivos con muchas funciones

Sobre los aditivos podemos decir que pueden ser de distintos tipos según su función. Así, los antioxidantes y anticorrosivos protegen de la corrosión del agua a los metales y aleaciones, incluido el aluminio. Otros se encargan de estabilizar químicamente el producto (estabilizantes), mientras que los anticalcáreos eliminan la cal de aguas duras.

En los líquidos refrigerantes también hay antiespumantes, colorante para identificar puntos de fuga o dispersantes que evitan la formación de depósitos. Además, la reserva alcalina y el tampón de pH mantienen la acidez del producto dentro de unos límites, entre 7 y 8, de manera que los metales y aleaciones se vean mínimamente afectados.

 

El ABC del buen refrigerante

¿Te gustaría saber qué requisitos debe cumplir un refrigerante de calidad? Tal y como comentamos anteriormente, estos líquidos deben ser capaces de absorber calor para refrigerar. Por eso, su punto de ebullición debe ser alto, de tal manera que evacúen el máximo calor posible y eviten las variaciones de tamaño de las piezas por los cambios de temperatura, que darían lugar a desgastes. Esto implica que el refrigerante debe mantener una alta capacidad de transferencia de calor y su punto de congelación se encuentre por debajo de 0ºC, ya que el agua congelada aumenta de volumen, lo que podría dar lugar a roturas.

Además, el líquido refrigerante no solo debe evitar atacar a los metales o gomas que componen el sistema de refrigeración, sino también evitar su corrosión. Una buena estabilidad química también es importante. Estos fluidos deben  permitir largos intervalos de sustitución.

 

¿Por qué no puedo utilizar solo agua para refrigerar el motor?

Si se te había ocurrido emplear agua para refrigerar el motor de tu coche, lo cierto es que no es una buena idea. Esto se debe a que el agua es corrosiva, por lo que puede afectar a distintas piezas del vehículo. Además, se congela a  0ºC y su punto de ebullición a presión atmosférica es de 100ºC, lo cual supone un rango muy limitado especialmente para los propulsores modernos. Además, si se te ocurre emplear agua de un pozo, puede venir acompañada de problemas con sales, algas, bacterias, cal y otros depósitos.

Al igual que en el caso de los aceites de motor, los refrigerantes deben cumplir los requisitos establecidos por los fabricantes de los vehículos. Por eso debes emplear productos de calidad contrastada que se ajusten a lo que requiere el motor de tu coche.

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