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Detergencia, el aceite de motor también limpia

5 Feb , 2019  

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La detergencia es especialmente importante para los motores de combustión. ¿Sabes por qué?

¿Nos cansaremos algún día de alabar los aditivos que llevan los aceites de calidad? La respuesta es no. Nunca dejaremos de poner en valor estos elementos, porque su importancia es fundamental para mantener tu coche como el primer día. Ellos son los que se encargan de dar superpoderes a las bases lubricantes. Uno de ellos es la detergencia.

Ya sabes que la función básica de un lubricante consiste en proteger las partes móviles de un mecanismo. Lo hace mediante la reducción de su fricción y desgaste. También actúa como refrigerador y se encarga de limpiar, arrastrar y eliminar residuos. Aquí es donde entran en juego los aditivos que se añaden al aceite base, ya sea mineral o sintético. Todos juntos forman el lubricante final, con todas las propiedades que facilitan una lubricación correcta.

 

¿En qué consiste la detergencia del lubricante?

Una de las propiedades fundamentales de los lubricantes que se logra a través de los aditivos es la detergencia. Es muy necesaria para los aceites en general, pero sobre todo para los motores de combustión.

En concreto, estos productos deben ser capaces de llevarse el hollín, las carbonillas y otros productos secundarios de la cámara de combustión. También deben encargarse de los productos propios de la descomposición del aceite en el momento de la combustión. De esta manera, se evita que se acumulen depósitos que puedan interferir con el funcionamiento normal del motor.

Este es un problema que afecta especialmente a los motores diésel. Esto es así porque estos propulsores producen una cantidad importante de hollín por la combustión incompleta del gasóleo. Por eso es necesario incorporar aditivos detergentes en los aceites de motor. Gracias a ellos, se evitan averías prematuras del propulsor, sobre todo en la zona de anillos.

Otro ejemplo de motores que plantean problemas específicos de detergencia es el de los que funcionan a altas temperaturas en las zonas de los pistones y los cilindros. Hablamos en concreto de los grandes y potentes propulsores de los vehículos pesados o los de los coches deportivos. En estos casos, se crean barnices que pueden provocar problemas de pegado de anillos.

En el caso de los motores, con desempeño menos exigente, un lubricante más sencillo será suficiente para proteger el motor, incluso uno mineral en algunas ocasiones. En cualquier caso, siempre llevará una cierta aditivación.

 

¿De qué depende la detergencia?

La capacidad que tiene el aceite para cumplir con sus funciones de detergencia depende en cierto modo de las características de la base lubricante. Esto explica por qué los aceites menos viscosos y que acumulan menos residuos carbonosos son mejores detergentes. Sin embargo, lo que más influye es el uso de ciertos aditivos.

Los aditivos que aportan detergencia al lubricante suelen ser compuestos metálicos, es decir, sales con metales como calcio, bario o magnesio. Se encargan de reducir la tensión interfacial que se da entre el aceite y el contaminante para desplazar a este de la superficie del metal.

Una característica que se debe tener en cuenta es que este aditivo se va gastando a medida que cumple con su trabajo. Esto quiere decir que la capacidad detergente del lubricante se pierde durante su vida útil, a medida que aparecen sustancias ácidas y contaminantes que deben ser neutralizadas.

En definitiva, estos aditivos detergentes realizan su labor en una de las partes más importantes del motor, que es donde se encuentran los anillos, los cilindros, los pistones y las válvulas. Como agentes limpiadores, se encargan de mantener las superficies limpias de depósitos. También de combatir los efectos de las altas temperaturas, que son las que provocan la oxidación y la contaminación del lubricante.

Cambiar el aceite de motor de tu coche periódicamente y utilizar lubricantes de calidad es extremadamente importante para mantener el vehículo correctamente. Las funciones de estos productos van mucho más allá de evitar el rozamiento entre las piezas: tienen la capacidad de evitar averías producidas por otras causas, pero que también acortan y entorpecen la vida útil del automóvil.

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